Sociedad | Star Party de Puente Blanco

Cielos estrellados en las noches de verano bonaerenses

En el corazón de Sierra de la Ventana, el paisaje diurno de cerros y quebradas se transforma al caer el sol. La ausencia de contaminación lumínica y la altura relativa del sistema serrano crean condiciones ideales para la observación astronómica.




En verano, cuando el calor afloja recién entrada la noche y el cielo se vuelve una promesa, la provincia de Buenos Aires ofrece un espectáculo que no siempre aparece en los mapas turísticos: sus cielos estrellados.

Lejos de las grandes ciudades, la oscuridad recupera su valor y mirar hacia arriba se transforma en un plan perfecto entre sierras, campos abiertos y pueblos que guardan silencio, existen destinos donde la Vía Láctea vuelve a ser protagonista y la temporada se vive también de noche.

En el corazón de Sierra de la Ventana, el paisaje diurno de cerros y quebradas se transforma al caer el sol. La ausencia de contaminación lumínica y la altura relativa del sistema serrano crean condiciones ideales para la observación astronómica.

La Star Party de Puente Blanco, organizada por el Planetario CIASIVE, se realiza todos los viernes de enero y febrero en uno de los puntos más altos y estratégicos de la región, reconocido por la calidad de sus cielos y la amplitud del horizonte. Lejos de las luces urbanas, la oscuridad se vuelve aliada y el cielo serrano despliega todo su potencial.

“La ciencia nos recuerda que nuestra existencia es improbable y sin embargo aquí estamos, caminando juntos en este instante único en la historia humana”,expresó Javier Gomez, a cargo del proyecto.

La actividad combina observación astronómica guiada con tecnología de seguimiento computarizado y sistemas láser que permiten identificar estrellas, planetas, cúmulos y nebulosas con precisión, incluso para quienes se acercan por primera vez a la astronomía. Las charlas y relatos adaptados a todo público suman claves científicas, mitológicas e históricas, transformando la observación en un viaje que va mucho más allá del telescopio.

Además, la propuesta tiene un fuerte espíritu comunitario abierta a vecinos, turistas, scouts, estudiantes y jubilados, que lo viven como un encuentro inclusivo, educativo y festivo, donde la ciencia se comparte de manera cercana. El cierre gastronómico con pizzas libres, un clásico de la comarca, completa una experiencia que integra conocimiento y disfrute en un mismo plan nocturno.

Bajo un cielo de gran calidad y en contacto pleno con la naturaleza, la mejores historias también se escriben de noche y mirando hacia arriba

“En Star party nos aventuramos en el glamping Puente Blanco para una experiencia inolvidable con equipos de última tecnología que nos permiten dar una mirada al sistema solar, los espacios profundos y la rueda zodiacal”, detalló el astrónomo.

En la quietud serrana, el cielo no es un fondo, es parte del paisaje bonaerense. 

El cielo en la inmensidad del campo

Punta Indio, y en particular el Pueblo Turístico Pipinas, propone una experiencia distinta pero igual de fascinante, ahí el cielo nocturno se abre sobre la llanura y el antiguo pulso industrial de la localidad que convive con una nueva forma de mirar el universo. 

Sobre la Ruta Provincial Nº 36 se emplaza el Centro Espacial Punta Indio, un puerto espacial que forma parte del desarrollo tecnológico argentino y que ocupa el predio de lo que alguna vez fue una de las fábricas cementeras más importantes del país. En las décadas del treinta y cuarenta, la planta de Corcemar, con su imponente horno y su vínculo directo con el ferrocarril, marcó el crecimiento del pueblo, tras su cierre definitivo luego de la crisis de 2001, el silencio volvió a adueñarse del paisaje.

Años más tarde, ese mismo espacio encontró un nuevo destino para convertirse en sitio de pruebas del Proyecto Tronador, impulsado por la CONAE. Desde allí se realizaron lanzamientos experimentales y continúa activo con ensayos de motores y desarrollo tecnológico, mientras el cielo limpio y profundo de la zona sigue siendo el mismo. 

En las noches de verano, Pipinas combina oscuridad natural, amplitud de horizonte y una fuerte carga simbólica, observar las estrellas en este rincón bonaerense es también contemplar un territorio que supo reinventarse, mirando literalmente hacia el futuro.

Mirar el cielo es parte de la historia local también en Mercedes. Desde los años 60, la curiosidad por las estrellas encontró en el ingeniero Ángel Di Palma a su gran impulsor y con él nació una comunidad que transformó la astronomía en un rasgo cultural de la ciudad. Así surgió el Observatorio Astronómico Municipal, inaugurado en 1978 gracias a un enorme esfuerzo colectivo.

Tras años de crecimiento, y en busca de cielos más oscuros, el observatorio encontró en 2007 su actual hogar en La Florida, sobre la ruta 41. Lejos de las luces urbanas, continúa desarrollando tareas científicas, educativas y de divulgación, con equipamiento moderno y vínculos con instituciones académicas del país y del exterior. Esa vocación se renueva con el inicio del Curso de Astronomía, por segundo año consecutivo. Una invitación abierta a levantar la vista y aprender, que comienza a mediados de marzo, es gratuito, presencial y no requiere conocimientos previos. Se dictarán 12 clases de 19:00 a 21:00 en el Complejo Cultural La Trocha y está dirigido a adolescentes y adultos que quieran descubrir el cielo desde Mercedes.

En distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, el cielo nocturno se convierte en una experiencia turística que une paisaje, historia y ciencia. 

Así, entre sierras, campos y ciudades que miran al cielo, la PBA, la Provincia Bonita Argentina, revela otra forma de viajar en verano y a través de su belleza inmensa. Cuando el calor baja y la noche avanza, los cielos estrellados se convierten en refugio, en espectáculo y en experiencia porque a veces, el mejor plan no está en la tierra, sino unos metros más arriba.